May se obceca para salvarse

Después del varapalo recibido hace apenas medio mes en el Parlamento británico, Theresa May  vuelve a respirar. La Cámara de los Comunes decidió esta semana aprobar, eso sí, con un ajustado margen, un mandato para que la primera ministra vuelva a Bruselas a pedir una revisión del acuerdo del Brexit que ella misma pactó el pasado noviembre con los Veintisiete. Y que la Unión Europea sostiene, en todo momento, que no es negociable ni se va a modificar.
Poco parece importarle a May lo que digan las autoridades comunitarias. El oxígeno recibido en Westminster le permite ganar tiempo ante los diputados, que imponen que se elimine del documento el mecanismo de salvaguarda en Irlanda, al considerar que su implantación supondría una amenaza a la integridad territorial en el Reino Unido y, sobre todo, una trampa para mantener al país bajo el yugo de la UE.
Con esta orden, la premier vuelve a tomar el mando. Pero lo hace sin rumbo.
El pasado 21 de enero, cuando se vio obligada a presentar un plan b a su proyecto de divorcio hundido en el Parlamento, la conservadora se limitó a defender los mismos puntos que habían sido tumbados seis días antes. Nada nuevo bajo el sol. Ninguna iniciativa. El texto, que en noviembre a su juicio era «el mejor posible», ahora intentará ser modificado. Pero tampoco ha desvelado cómo pretende convencer a sus todavía socios comunitarios, que se han cerrado en banda a cualquier cambio.
Y mientras, pasan los días y el 29 de marzo está cada vez más cerca. Para algunos, esto podría suponer un contratiempo, pero no es descartable que la dirigente trate de jugar con eso, como medida de presión para que, en caso de no conseguir resultados con Bruselas, los diputados más moderados que votaron en contra del Tratado de Salida el 10 de enero -principalmente los laboristas- se vean obligados a avalar su propuesta para que el Reino Unido no se vea abocado a un divorcio sin acuerdo, puesto que la ley vigente no permite una prórroga en la fecha prevista. Incluso, los Comunes votaron esta misma semana en contra de una enmienda para retrasar el Brexit si no se llega a un consenso antes del 26 de febrero. Era un gran reto para el Gobierno y también lo superó. Más alas para May.
cita en febrero. Así las cosas, la líder conservadora ha conseguido su objetivo: volver a Bruselas y mantener el pulso para reabrir el proceso de negociación. Antes de intentarlo, tratará de recabar las ideas de la oposición, a la que ha prometido que lo va a intentar. «Negociar el cambio no será fácil, implicará reabrir el Tratado de Salida, un movimiento por el que sé que nuestros socios europeos tienen un apetito limitado, pero creo que con un mandato de la Cámara puedo lograrlo antes de nuestra salida de la UE», aseveró.
Anticipando esas dificultades -o imposibilidades, puesto que día a día las autoridades comunitarias insisten en que «no se tocará» lo pactado-, May avanzó que regresará al Parlamento el 13 de febrero para exponer los pasos que planea dar para entonces si no ha logrado las modificaciones que reclama.
Para entonces, quedará solo un mes y medio de plazo y muy pocos pasos posibles que dar. Quizás, solo acatar. O tumbar todo. O romper por lo sano. Quién sabe.